Los Millrose Games y confirmaron, una vez más, por qué son el gran faro del atletismo indoor en Estados Unidos. Entradas a 195 dólares el mismo día y aforo completo: una postal que habla sola. Pero esta edición no se trató de récords a toda costa. Fue una noche para competir y ganar.
Las bajas de última hora —Grant Fisher en las dos millas, Elle St. Pierre y Dorcus Ewoi en la Wanamaker Mile— bajaron el hype del cronómetro, pero elevaron el pulso de las carreras. Y ahí apareció la esencia de Millrose. Doris Lemngole voló en los 3.000 m con un cierre feroz para romper el récord NCAA, mientras Colin Sahlman hizo historia en los 800 m al derribar una marca que llevaba 37 años intacta.
En la milla, Cam Myers confirmó que está jugando otro juego: control total, cabeza fría y una victoria que pareció demasiado fácil para un chico de 19 años. Nikki Hiltz, en tanto, escribió su capítulo pendiente al levantar por fin el trofeo de la Wanamaker Mile. Súmenle la clase táctica de Cole Hocker y la irrupción firme de Roisin Willis, y el mensaje fue claro: Millrose no necesitó récords para ser legendario. Aquí se vino a correr de verdad.

