Decidir no es un acto: es una capacidad entrenable

En alto rendimiento, decidir integra señales internas (sensaciones, dolor, RPE, “piernas del día”), externas (clima, terreno, altimetría, piso), y métricas objetivas (potencia, ritmo, HR, lactato, HRV, temperatura central). La diferencia no está en tener más datos, sino en interpretarlos bajo fatiga sin autoengaño. Una buena decisión acota la incertidumbre, ordena prioridades y preserva recursos críticos (glucógeno, foco, motivación). Hacer por hacer gasta; decidir con intención de invertir.

El proceso crea el contexto de cada decisión, competencias, terreno y habilidades se simulan. Si tu carrera es calurosa, entrenas tolerancia al calor y estrategia de enfriamiento; si el circuito es ondulado, modelas la potencia en subidas y la economía en bajadas; si el suelo es técnico, prácticas cadencias cortas y lectura visual anticipada. La autopercepción se calibra con referencias duras: test, parciales, umbrales, entre otros. Esa relación dato + sensación evita errores clásicos como correr por encima del umbral, comer tarde, beber poco, o no reponer electrolitos.

Comer es decidir: timing, mezcla de carbohidratos según intensidad y tolerancia; la práctica en sesiones clave reduce sorpresas el día D. Dormir es decidir: proteger horas y regular estímulos para llegar con sistema nervioso cooperando, no bloqueando. Vivir el proceso es decidir: cargas que suman versus “sesiones para el ego ” que solo destruyen; descansos que consolidan adaptación; microajustes cuando el cuerpo pide freno. La decisión correcta es la que mantiene el plan funcional en tiempo real.

Eficiencia es administrar recursos, no seguir impulsos. Antes de competir, define límites y durante, ejecuta sin heroísmos: ajusta todo lo que haga falta en ruta.

Rendimiento no es azar: es coherencia repetida, decisión tras decisión, hasta que el resultado deja de depender de la suerte. 

felipe araya

@COOK_SCL
Chef, Coach, Asesor y Consultor en Alto Rendimiento