El rendimiento no se improvisa

La velocidad y la resistencia no se construyen en la pista, se construyen en el cuerpo. No es casualidad que los entrenamientos más exigentes dependan menos del reloj y más del combustible que llevamos dentro. La fisiología es clara: sin suficiente energía disponible, la intensidad cae, la adaptación se frena y el rendimiento se daña. Puedes entrenar con disciplina, pero si la nutrición no acompaña, el techo de tu velocidad y resistencia será demasiado bajo.

La grasa es un combustible útil, pero demasiado lento cuando exigimos potencia. Los carbohidratos, en cambio, van directo al músculo y al cerebro, manteneniendo la intensidad y retrasanso la fatiga. Alimentarse no es una estrategia opcional: es la diferencia entre correr fuerte los primeros kilómetros o sostener un ritmo competitivo hasta el final.

El desafío es planificar la cantidad, el momento y la combinación adecuada de nutrientes. El corredor que comprende esto entrena, recupera y compite mejor. La comida deja de ser un acto cotidiano para convertirse en una herramienta de precisión, igual de importante que la zapatilla o el GPS.

La velocidad y la resistencia no son opuestos; conviven en el mismo atleta. Lo que permite unirlas es una estrategia de alimentación. Comer para rendir es invertir en adaptaciones sostenibles, en entrenamientos que suman y en competencias donde el cuerpo responde cuando como queremos.

felipe araya

@COOK_SCL
Chef, Coach, Asesor y Consultor en Alto Rendimiento