La diferencia entre constancia y terquedad

La constancia es una virtud cuando está guiada por criterio. La terquedad, en cambio, es solo repetición sin conciencia. Desde fuera se parecen: ambos entrenan, ambos cumplen, ambos “no fallan”. La diferencia está en la capacidad de ajustar cuando el contexto cambia. El cuerpo nunca responde igual dos días seguidos, pero muchos deportistas insisten en tratarlo como si fuera una máquina predecible. Ahí empieza el problema…

Ser constante implica sostener el proceso, no el plan original a cualquier costo. Significa respetar la dirección general mientras se modifican las decisiones tácticas: bajar una carga, mover una sesión, cambiar el foco del día. La terquedad ignora las señales tempranas como fatiga persistente, pérdida de calidad técnica, alteraciones del sueño, falta de hambre, irritabilidad y las justifica con frases peligrosas: “es normal”, “ya pasará”, “hay que aguantar”. No, no siempre hay que aguantar. A veces también hay que pensar.

El rendimiento no mejora por acumulación ciega de estímulos, mejora cuando el estímulo correcto se aplica en el momento adecuado. Persistir cuando el cuerpo no está disponible no es disciplina, es mala lectura del sistema. Los atletas que progresan a largo plazo no son los que más entrenan, sino los que mejor deciden cuándo insistir y cuándo ajustar. Esa habilidad no se improvisa: se entrena observando, registrando y aceptando que cambiar no es rendirse.

Ser constante no significa ser rígido si no coherente en el tiempo. Entendiendo que el objetivo no es cumplir sesiones, sino llegar más lejos con menos desgaste. Si no estás dispuesto a escuchar las señales, no estás siendo fuerte: estás siendo irresponsable con tu proceso. Y en rendimiento, las malas decisiones siempre pasan la cuenta, tarde o temprano.

felipe araya

@COOK_SCL
Chef, Coach, Asesor y Consultor en Alto Rendimiento