Ayer, el Teatro Coliseo —sí, ese que está justo frente a La Moneda— cambió por una noche los conciertos por el running. Y no precisamente por una pista convencional.

El recinto fue escenario de la segunda edición del Saucony Secret Run, una iniciativa que convirtió la platea en un verdadero circuito de entrenamiento. Equipos mixtos de cuatro competidores tuvieron que enfrentarse a un recorrido cargado de desafíos: sentadillas, burpees, estocadas y varias pruebas más que dejaron claro que acá no bastaba con tener buenas piernas. También había que tener estrategia, coordinación y, sobre todo, ganas de sufrir un poquito.
Y acá está justamente la gracia del Saucony Secret Run: que el secreto es, literalmente, parte de la carrera. Los más de 60 competidores sólo se enteraron el mismo día del evento dónde tendrían que competir.