En la era de las superzapatillas, donde cada marca intenta romper la barrera del sonido con modelos imposibles, placas con formas diversas y espumas de última generación, Hoka se presenta con una propuesta distinta. No menos rápida, no menos tecnológica, pero sí más pura. La Rocket X 3 es, en esencia, una de esas zapatillas que no buscan intimidarte desde la caja. No te gritan “¡hoy volamos!”. Más bien te guiñan un ojo y te dicen: relájate, vamos a correr muy bien, pero también muy rápido. Veamos de qué se trata.
Lo esencial:
Uso: entrenamientos rápidos, repeticiones, umbrales
Peso: 227 gramos – talla 10 US de hombre
Precio: $249.990
Disponible en: tiendas HOKA del país y en cl.hoka.com
La primera gran evolución está arriba. Si el upper de la Rocket X 2 era funcional pero rígido, el de la X 3 es otra historia: un jacquard de nailon más suave, más amable y más respirable. Es ese tipo de upper que, apenas te pones la zapatilla, te hace pensar: “ah, ok, esto no es la clásica superzapatilla dura y minimalista”. Muy acolchada en el talón, lengüeta fina, estable, y cordones dentados que aseguran el ajuste sin necesidad de pelear con ellos (amamos este tipo de cordones!). Todo se siente más refinado y, curiosamente, más cercano a una daily trainer que a un misil de competición. Pero cuando las queremos exprimir la historia es distinta.
Para quienes sufren con las punteras claustrofóbicas, hay buenas noticias: el volumen del antepié aumentó, aunque quizás algunos la sentirán un poco estrecha. Pies anchos, en general, deberían llevarse bien. Lo que sí es claro: el ajuste es fiel a la talla y sorprendentemente estable considerando lo poco pesada que es la zapatilla.
Ahora, aquí está el corazón del cohete. La Rocket X 3 mantiene una configuración PEBA de doble densidad: una capa superior blanda y reactiva bajo los metatarsos, y una capa inferior más firme encargada de dar estabilidad y estructura. Entre ambas vive una placa de carbono bifurcada adelante y atrás, un diseño que ofrece algo casi extinto en las superzapatillas modernas: flexibilidad real.
Este pequeño detalle cambia la experiencia. No es la típica superzapatilla que te catapulta hacia adelante con un rebote feroz y un toque casi inestable como algún otro modelo que la marca tiene (Cielo, hablamos de ti). La Rocket X 3 rueda. Fluye. Se curva con tu zancada y te entrega una transición suave, limpia y estable, tanto en ritmos rápidos como cuando toca bajar la velocidad.
Su stack —40 mm en talón y 33 mm en antepié— respeta el límite World Athletics, pero sin sentirse excesivo o tambaleante. A diferencia de modelos más agresivos (Alphafly 3, Endorphin Elite, Metaspeed Sky), aquí no hay ese “bloqueo” rígido bajo el mediopié que a muchos les complica a ritmos no tan audaces. Por eso esta zapatilla funciona tan bien para ritmos de maratón, tempos largos, o largos progresivos. No es la más explosiva, pero sí una de las más versátiles del segmento con placa de carbono.
Una de las críticas históricas, aunque bastante injustas desde nuestra perspectiva, hacia Hoka era la sensación de “andar arriba de un andamio”. Esto acá no ocurre. Las paredes laterales de espuma y la placa bifurcada hacen que la Rocket X 3 sea una de las superzapatillas más estables del mercado, especialmente útil para corredores taloneros o quienes prefieren una transición controlada en vez de un empuje brutal.

