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Dolor que va y viene: el aviso que muchos ignoran

Una de las frases que más escucho es: “me duele, pero después se me pasa”. Y aunque suene tranquilizador, en la mayoría de los casos no lo es. Una molestia que aparece al entrenar y desaparece al día siguiente no significa que esté resuelto. Significa que el cuerpo está logrando compensar… por ahora.

El problema es que muchas molestias no parten como dolor intenso. Parten como una sensación rara: una tensión en la rodilla, un pinchazo en el tobillo, una carga en la espalda baja o un tirón leve en el gemelo. Se siente un día, después desaparece. Y como la vida sigue, el entrenamiento también. Ahí es donde empieza el ciclo: el cuerpo aguanta, compensa y adapta el movimiento para poder seguir funcionando.

Desde lo físico, esto tiene lógica. Cuando un tejido está sobreexigido o un patrón de movimiento no está bien resuelto, el cuerpo busca la forma de repartir carga en otras zonas. El entrenamiento se sigue logrando, pero a un costo mayor. La molestia baja, pero la compensación queda instalada. Y con el tiempo, esa compensación se vuelve el nuevo “normal”.

Poner atención a esas señales no significa entrenar con miedo. Significa entrenar con criterio. A veces basta con ajustar técnica, mejorar movilidad, fortalecer un punto débil o simplemente tratar a tiempo algo que todavía es pequeño. La diferencia es enorme: abordar una molestia cuando recién aparece suele ser rápido; esperar a que se convierta en lesión cambia completamente el escenario.

No siempre hay que parar, pero casi siempre conviene entender qué está avisando el cuerpo. Porque si una molestia se repite, no es mala suerte: es información.

IÑAKI ACHONDO

@kalud.cl
Quiropráctico deportivo
Fundador de Kalud 

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